Esta nueva década significa un gran reto en la puesta en marcha de soluciones alternativas a la dependencia del petróleo. He nacido en un país petrolero, que desde su descubrimiento y explotación ha mantenido su economía en dependencia directa de este recurso. Lo realmente preocupante no son las soluciones y nuevas vías emergentes, que deben apurar su paso de implementación, sino lo que pasará con países (la mayoría en vías de desarrollo), que parecen no entender aún el vuelco que deben dar sus políticas económicas aún muy cómodas y bien nutridas de un constante flujo de manguera que en vez de agua, escupe petrodólares. Exagerado o no, parecen destinados a la extinción.
A nivel global es interesante observar como a pesar del fuerte peso que aún sigue teniendo el oro negro, es cierto que la evidente necesidad de ahorrar energía, hace que volquemos la mirada a formas de vida “más humanas” y que replanteemos nuestro sistema de vivienda y construcción que hasta ahora emite la mitad de CO2 en el mundo.
Una verdadera locura, ya que si a esto le sumamos que por culpa del urbanismo disperso, nos vemos obligados a usar más el coche…pues alguien parece no estar entendiendo bien la lección. Somos nosotros los ciudadanos, los que debemos exigir a nuestro gobernantes que empiece a experimentar con nuevo modelos urbanísticos, que en realidad no es más que mirar y estudiar con atención lo que anteriores generaciones han hecho, para vivir en confort, sin necesidad de electricidad, ni aparatos electrodomésticos.
Una inquietante reflexión local, enfocada en tratar de comprender lo que se está haciendo con Madrid, propone el documental Lugar y Sociedad cuyo estreno será el próximo jueves 28 de enero en la Filmoteca Española. En definitiva, no veremos una ciudad ejemplar en cuanto a nuevos modelos de urbanismo que respete el medio ambiente, y que busque salidas y soluciones a su palpable dependencia de las energías no renovables.



