Un mar de frontera


El Puerto de Tarifa, no es que sea pequeño, pero digamos que los 50 pesqueros artesanales que quedan en activo, (han sido más de 180 en sus mejores momentos), están confinados a un trocito de este Puerto, para dar paso a esos grandes Ferries que en menos de 30 minutos te dejan en Tanger-Marruecos.

 

Punto entre Europa y África: El Estrecho el que más acerca a estos dos trozos de tierra en todo el mar de frontera. Desde tierras gaditanas, África es perfectamente visible. Tan lejos, tan cerca, dependiendo de la visibilidad del día, sientes que la puedes tocar. Este mar presente en la configuración histórica de nuestros días, es un mar que a veces en vez de unir, separa.

Los marinos veteranos, y otras nuevas generaciones, se reúnen entre sus pesqueros, el muelle y el bar. En días de viento fuerte de Levante, pasan el día preparando aparejos o acondicionando sus pesqueros. También hay tiempo para una partida de cartas o para prever a partir de la observación, si la tendencia del viento seguirá igual a la mañana siguiente.

Tuvimos suerte con el tiempo. Brisa leve, y sin ninguna previsión de cambio. No fue fácil embarcarnos en un pesquero artesanal, pero gracias a la tripulación local y su capitán, y después de solicitar los requeridos permisos, lo logramos.

Algo más de 7 horas estuvimos embarcados, recorriendo el Estrecho. A veces más cerca de África, que de Europa. Eran días de pesca de atún rojo. Así que fuimos rumbo a Levante con la idea de encontrarnos los atunes de salida al Atlántico, que es cuando vuelven de desovar. Son un poco más flacos que los de la temporada de la almadraba, pero es en este momento que pican y comen, y pueden ser pescados con carnada viva y de uno en uno, como antiguamente.  La paciencia es vital, y hasta que pique el primero pueden pasar horas, o incluso puede ser que ese día los peces, no estén comiendo.

¿Cómo sabemos que hay atún a la vista?

Lo primero y más importante es  la vista aguda de sus tripulantes. Durante las horas de espera, están todos atentos en cubierta a cualquier rebufo en el agua. Lo segundo, la radio y la comunicación con los compañeros pesqueros, ese día salimos también al encuentro con otros dos barcos que zarparon a la misma hora desde el Puerto de Algeciras, navegando hacia Poniente. Nos encontramos en algún punto del Estrecho, mientras por radio los capitanes se iban informando de cómo está ¨la cosa¨, de si están o no saliendo atunes ese día.

Es una zona de paso de muchos barcos, es como una autopista en el mar donde te sientes minúsculo entre cargueros y petroleros. A pesar de este gran movimiento vimos muchos calderones…también conocidas como ballenas pilotos. Era una buena señal de que la máxima actividad de pesca estaba cerca.

Un buen instrumental completan las herramientas de los pescadores: Sonar y Sonda. El Sonar, que te permite divisar elementos y manchas en superficie. Y la Sonda de fondo.

La espera fue larga. Todo estaba listo en cubierta; tobos con cientos de metros de cordel, los anzuelos preparados, la carnada viva ya señalada, y el cebo en las piscinas. De vez en cuando el capitán Lolo, decía de echar cebo, pescado pequeño vivo. Las caballas más grandes, se reservan para  la pesca del Atún.

Con un grito algo tímido pero segurísimo de nuestro capitán, pone a todos a correr en cubierta como una danza planificada. Hay atún y con él llegó el momento más emocionante.

Hasta Lolo, el capitán sale a ayudar. Sueltan cordel para aburrir. Callan, hasta que lo tienen, y apenas hablan para decir, “aquí viene”. Emociona ver, ya a pocos metros de la superficie, un pez de aproximadamente 100 kilos, a punto de ser cogido cuidadosamente por dos hombres, mientras que un tercero espera con el bichero ya levantado, en posición para  enganchar por la cara. Estos bicheros me llamaron mucho la atención. Los hacen ellos mismos con caña brava.

La jornada de pesca fue bien. Estábamos asustados, porque claro, todos teníamos en mente que si no pescábamos ese día, es que les habíamos traído mala suerte. Y esto nos podía marcar a futuro. Pero todo salió muy bien.

Las 5 horas previas a la aparición de los primeros atunes, dieron para mucho y mucho hablar. Lamentablemente la pesca artesanal en este país, sufre un proceso de presión y desmantelamiento a través de las burocracias y diferentes obstáculos, con mucho coste económico que les imponen cada poco, desde administraciones locales, regionales, centrales. La pesca artesanal, es el método de pesca más sostenible que existe. Es selectiva, a mano, no es intensiva o de arrastre. Dificultar su actividad es destinar a la desaparición a una de las actividades más antiguas del hombre y favorecer en cambio otros formatos a gran escala y altamente perjudiciales para nuestros mares. Es tarea de todos preguntarnos de dónde viene el pescado que comemos, qué métodos se emplean en su captura, y procurar siempre consumir producto fresco local, obtenido gracias al trabajo de estos pescadores, sólo con anzuelo y cordel.

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